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(Por
Martín Farias).- Un aporte notable de
magia intelectual, y la visión internacional de
una periodista de Clarín; me abrió un gran
interrogante. La columna vertebral de la América
latina, que alguna vez soñaron y pensaron, San
Martín o Bolívar, o tantos otros nombres
que parecen ignotos, ante la envergadura de los dos libertadores,
¿está lista para asumir sus desafíos,
acomodar sus miserias y rescatar sus virtudes, de cara
a sus 200 años?.
Hay
muchos que sostienen que el bicentenario latino, se dilucidará
a partir de resolver las ecuaciones irresolutas en las
que se encuentra inmersa su sociedad. ¿Se podrá?
no cabe dudas que ese es el eje de la cuestión.
Ahora, y en el medio, seguro quedarán varios puntos
sin rozar, los equilibrios o los cambios que se producen
a partir de que alguien pierda para que otro gane, aunque
parezca una simple cuenta matemática, está
claro que a eso conduce cualquier proceso transformatorio
de igualdad social.
No
es convincente aún, para algunos sectores, pensar
que los que más tiene deban redistribuir para que
otros suban su performance social, y es ahí adonde
empieza el embrollo de la cuestión. A veces, la
infamia noticiosa, o los desvelos sectorizados a regañadientes
exigen e imponen, sin conversar ningún programa
de transformación. No nos vayamos tan lejos, analicemos
o rememoremos lo ocurrido hace 5 meses atrás. La
explosión "redistributiva" (?) gubernamental
vapuleaba los intereses de un sector, que jamás
dejó de reconocer que ganó más, pero
que también jamás dejó de gritar
que fue el que más invirtió, el que más
arriesgó, en un país, que parece que la
única forma de ganar plata es cumpliendo el rol
de "usurero".
Uno
nota que el contexto del bicentenario que está
en vista, aún lo estamos estudiando y seguro lo
vamos a falsificar a través de acuerdos, que jamás
se van a cumplir. Las corrientes que hoy intentan muestran
grandes virtudes, pero aún pero, también
grandes falencias. Quieren adueñarse por décadas
de la ideología comunitaria, y en el mapa político
latino no resuelven su karma, "el no poder borrar
el pasado reciente". El recuerdo y el impulso que
se les da a los hechos anteriores de la historia no tan
adulta, parece ser más una limpieza de culpas,
un lavado de manos, de quienes se equivocaron en un momento,
apoyando esos procesos, y que hoy se pintan de rojo para
salir a la cancha y lograr su reivindicación.
Lo
vivimos con la estrategia neoliberal de los '90, cuantos
de los que hoy mandan se guardaron en el baúl de
los recuerdos y en silencio las benevolencias partidarias
de aquel entonces. Y estos mismos personajes, de distintos
sectores de la sociedad Argentina, hoy se ufanan de haber
sido los únicos que "no acompañaron
aquel proceso sanguinario". Que hipocresía!.
Ahí reside uno de los puntos en los que nos encontramos
a la deriva, ni nosotros nos creemos lo que decimos, simplemente
porque ni nosotros somos capaces de admitir que nos equivocamos.
Nadie
puede pretender ser mejor, si jamás va a definir
su verdadera identidad. La disertante de Clarín
decía el viernes algo claro, conciso, y muy cierto,
"La gente dejó de creer en sus políticos,
dejó de creer en sus representantes". Y no
hace falta ser un erudito en política, ni de izquierda
o derecha, para advertir que el mismo pasado ha condenado
a los políticos de esta generación. Todos
apuntan al momento; me acomodo, y me voy. Y ahí
existe otro gran ítem irresoluto camino al ansiado
bicentenario.
La
mentira. No hay nadie, en este país, que sostenga
con sus hechos las promesas. Si no puede hacerlo, por
mínimas que sean, es un fracaso al que arrastra
a toda una sociedad. Pero las cosas siguen, las cosas
se prolongan, porque, o casualidad, ahí si falla
la memoria. Las elecciones son cada dos años, y
los mitómanos se preparan para su lanzamiento,
organizando a puertas cerradas campañas para paliar
la pobreza, pero a través de un asistencialismo
desmedido y conveniente que después depara en más
y más compromisos.
El
pueblo bien gracias. Esa hipocresía, la mentira,
la mirada a un solo lugar del pasado, la culpa de los
otros, la búsqueda de culpas en la voracidad del
capitalismo, pensar solo en "rojo", me sume
en un mundo de dudas en el arribo a los 200 años,
tal cual lo soñaron San Martin, Bolívar
y cientos más. Dejarnos de mentir, y empezar a
cumplir lo que se promete, puede ser un gran paso, pero
hacia los 300 años, asegurémoslo de que
así sea, empecemos ahora.
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